El desahucio y posterior fallecimiento de Maricarmen Abascal, de 87 años, ha puesto en el foco mediático el negocio inmobiliario y la especulación de la vivienda. Bajo la alfombra rentista se han acumulado testimonios de discriminación, vulnerabilidad y despojo, también desde voces racializadas. Este es el lado ‘B’ de una crisis de la vivienda afrontada por quienes están ausentes en los dos últimos decretos aprobados por el Ejecutivo: las personas migrantes.